RADIALISTAS APASIONADOS PDF

CMQ y la Cadena Azul se disputan las audiencias femeninas y los libretistas para servirlas. Los actores no dan a basto, van de cabina en cabina. En el extranjero, se venden al peso los libretos de las radionovelas. Nadie les hace caso. Los oyentes tampoco quieren renunciar a ese vicioso placer de sufrir en pellejo ajeno. Dicho y escrito.

Author:Zulkigami Faulmaran
Country:Honduras
Language:English (Spanish)
Genre:Education
Published (Last):26 November 2015
Pages:318
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ISBN:241-9-37475-124-1
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Como siempre ocurre en estos casos, los debates hablados, puestos en papel, resultaban tan ricos como desordenados. Mucho sobraba, mucho faltaba. Es urgente. Es para radioapasionadas y radioapasionados.

Y para quienes luchan por un mundo donde todos puedan comer su pan y decir su palabra. Los reyes y, sobre todo, los sacerdotes monopolizaban el saber. Multiplicadas las letras, se multiplicaban los lectores. Y cualquier ruido. La voz no dejaba huellas. De cerca o de lejos, el sonido se lo llevaba el viento, no quedaba registrado en ninguna parte.

Las largas, trazaban una raya. Siempre los cables. Los nuevos telegramas volaban libres. Ahora estaban dadas las condiciones para comenzar a hacer radio. Por todas partes era la misma efervescencia de probar y comprobar el asombroso invento. El 2 de noviembre de , el popular radioaficionado Frank Conrad daba a conocer los votos obtenidos por Warren Harding y James Cox, candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Ella era la verdadera reina del hogar. Sobre todo, el amor. Las noticias recibieron el Los espacios con animador en vivo recibieron el Pero todos coexisten.

Desesperados, intentaron aprobar leyes que impidieran a la radio transmitir noticias. Naturalmente, de nada sirvieron estas intolerancias.

Fue precisamente la Segunda Guerra Mundial la que puso de manifiesto la importancia informativa de la radio. Actualmente, la radio goza de excelente salud. Estas cifras ya han aumentado. Nunca como hoy se cumple la sentencia de Bertolt Brecht: de repente, se tuvo la posibilidad de decirlo todo a todos. La gente se congregaba en torno a un libro de cuentos, o a una pantalla de cine, o a una radiola. De esta manera, demasiado burda, la ministra pensaba legitimarse ante el religioso pueblo ecuatoriano.

Garantizar la autenticidad de algo o de alguien, su conformidad con la ley. Quien legitima a otro, le agrega valor, le concede importancia. El problema era que los estudios o los rangos no se notan en la cara.

Los medios avalan hechos, situaciones, opiniones y personas. La radio los valoraba. Sonando o muda, la presencia de la emisora los legitimaba. Y comenzaban a repiquetear los tambores de la fiesta. Lo que sale, vale. Lo que contaba Marco Polo a la vuelta de sus andanzas, era lo cierto.

Lo que los medios afirman, afirmado queda. Lo que ignoran, no existe. Es decir, los hechos se agotan en su noticia. Vivimos una realidad virtual, mediatizada. Ahora no. Quien sube a las tablas, queda enfocado, iluminado. Quien no lo logra, permanece en penumbras. Por suerte, en nuestro mundo globalizado 26 Isaac Azimov, El Universo. El pluralismo de opiniones dentro del medio, y el pluralismo de medios dentro de la sociedad, aseguran la democracia y desarrolla la inteligencia humana.

Representan a los ciudadanos Quien sale una vez, vale. Quien sale mucho, vale mucho. La gente ha endosado a los medios la confianza perdida en tales dirigentes. Ni siquiera el templo.

En los sets y en las cabinas se hacen alianzas, se construyen adhesiones y consensos, se logran negociaciones, se debate con todos y todas sobre todo. No es broma. Gustavo Gili, Barcelona, Carlitos Menem coquetea con Xuxa y payasea con Tinelli. Tampoco resulta optativo para los mismos actores que, quieran o no, deben salir a escena.

A las dos les sobran pretendientes. Nos declaramos apasionados y apasionadas por la radio. La naturaleza es sorda. Al principio del mundo, los volcanes explotaban sin estruendo, los mares se encrespaban sigilosamente y los truenos desataban tormentas mudas.

Con los colores pasa otro tanto. Pero entre el sonido y la luz hay una diferencia. Tampoco existe. Y funciona como un tambor. Una palanca. Sigamos viaje. La atravesamos y nos descubrimos en un intrincado laberinto. Hay que atravesarlo sin perderse y nadando. Al abrir los ojos, quedamos deslumbrados.

Chocan contra ella y la hacen estremecer, poniendo en movimiento, al mismo tiempo, la cadena de huesitos. Veamos el piano por dentro. Para hacer esta lectura, nuestra computadora cerebral utiliza todas las memorias archivadas en sus inagotables entramados celulares. Desde nuestro nacimiento, incluso antes, desde el vientre materno, el cerebro se ha dedicado a almacenar y clasificar todos los efectos de sonido que llegan a su cabina.

Nos hace vibrar otra membrana, la del alma. Va con un walkman, escuchando su emisora favorita. Otros pasajeros lo rodean, lo apretujan. Orbis, Barcelona, La vista, llegado el momento, sobra. Se cierran los ojos para besar.

El beso de lengua es bueno. Captan desde el tenue balanceo de una hoja al caer 10 decibelios hasta el atronador despegue de un cohete espacial decibelios.

En esa gama caben infinidad de tonalidades. Como vimos, el cerebro traduce sonidos a sentimientos. Ahora, lo contrario: apague la imagen y deje correr solamente la banda sonora. Los locutores gritones, vociferantes, ya no se estilan. Para lograr esto, emplearemos un tono coloquial, afectivo. La calidez no viene dada tanto por las palabras empleadas como por la manera de decirlas.

Desde luego, si las palabras son rebuscadas, no hay lengua que las ablande. Afectos, emociones, son igualmente el dolor y la ternura. La esperanza y la angustia. Hablar por radio es emocionar. Si no, el mensaje no llega, no impacta. En radio, lo afectivo es lo efectivo. La intimidad de la que hablamos, por el contrario, se refiere al tono de confianza, hasta de complicidad, entre locutor y oyente. Tiene visa en casi todos los programas.

Tiene demanda en casi todos los oyentes. Para distraernos. La vida cotidiana es tediosa. Siempre las mismas ollas, la misma tabla de planchar, el mismo taxi, los mismos libros, la misma vaina.

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